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martes, 27 de marzo de 2012

Jarry Davinson y los cromosomas cromados

Conversación escuchada en el Bar Manolo del Puerto de Santa María (Cádiz):

Porteño: "Pisha, ¿qué eso de Jarry que lleva en la esparda?"
Kenny Bell: "Es Harley Davidson, una marca de motos"
Porteño: "Aaaaah, e como un nombre, como Doje. Eque yo me llamo Jarry en inglé. De Enrique .... ¿y tú tiene una Jarry Davinson"
Kenny Bell: "sí"
Porteño: "Pos yo tengo una bisicleta pinshá"

Por debajo de la manga de la chaqueta de Kenny se desliza una pulsera cromada con dos calaveras:

Porteño: "Pisha, que lleva do carabelas con sus cromosomas y to"

Risas ....

Porteño: "Ekusha, kaquí hay musho arte ... te voy a desi una meho ... eso kasoma poray son las partículas de los átomos"

Más risas .... el porteño coge un plato de la mesa lleno de aceite y lo sorbe con gran estruendo.

Porteño: "De Madrí arcielo ¿Qué número tienes de pie, iho?"
Kenny Bell: "Un 41"
Porteño: " Te voy a regalá una bota de Jarly Davinson que le compré a un americano po 38 dólares, con cordone y to. Me las puse una ve na má, iba con mi bisi portor puerto, ma shulo que naidie. Tiene su carabelas y to, con los cromosomas. Apunta mi imeir y me ecribe, que yo te las mando pa Madrí"

¿Escribirá Kenny al porteño?¿Recibirá las botas de Jarry Davinson?




Fotografía: he cambiado la DSLR por una compacta. Total, también hace fotos. Milwaukee, Puerto de Santa María, Cádiz.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Un indolente eufemismo

Como si de un parte de guerra se tratara: mi estado asténico remite, espero definitivamente, sin embargo nuevos daños colaterales han asaltado mis trincheras. Una epidemia invade mis tendones y músculos de tal manera que no hay movimiento que haga que no me produzca dolor. Cualquier malpensado diría que es cosa de la edad, y razón puede que no le falte, aunque yo lo achaco más a la falta de actividad de estos meses pasados y a los malditos tóxicos que son el pan mío de cada día.

Mi médico dice que soy el raro de la familia, lo que a mi me pasa no le pasa a ningún paciente, y de lo que la mayoría refiere como efectos secundarios, yo no tengo ni rastro. Me los relaciona y termina, sarcásticamente, con una cruel pregunta: "¿Se los cambiarías?". Mi respuesta es contundente: "NO".

A esto hay que unirle el eufemismo que se ha puesto de moda entre mis "conocidos" del barrio, ya que apenas salgo de aquí. "¡Qué fuerte te has puesto!", es clamor popular. Que gente tan bondadosa y prudente, cuando lo que quieren decir es que he desarrollado un enorme músculo abdominal que lejos de contenerse, bribón él, ha decidido expandirse. A todo esto, saco pecho y meto barriga. Y rezo para que no me vean cojear, no me quieran dar la mano o se les escape un golpecito en la espalda, porque entonces pudiera ser que el eufemismo le diera un abrazo a la razón y se convirtiera en un "¡Qué mayor te has hecho!". Y por ahí, sí que no paso.



Fotografía: Cudillero, Asturias.

jueves, 27 de octubre de 2011

Mi noche toledana

Firmada la tregua y apenas las sobras del citotóxico pérfido y sus esbirros antineoplásicos habían sido expulsados de mi organismo, empezaron a arribar, en jovial, divertido y bullicioso tropel, los anhelados leucocitos y sus micrófagos ávidos de diapédesis, vestidos con gran boato de estricto blanco y toque púrpura, y aviados con sus más valiosas enzimas, seguidos de sus servidores, hematíes, transaminasas y demás hematopoyética corte. Los cortejos que partían oxígenados “plus ultra” del corazón, con gran algarabía y festejo, absorbieron la curiosidad del resto de los órganos, que entreabrían sus puertas y ventanas a su paso dejándose ocupar por aquel torrente de maná, milagroso manjar.

¡Qué dulce y brevísimo espejismo éste!. El amenazante oprobio, la premeditada y alevosa ignominia acechaban en la sombra como hampones, ¡el bilioso volcán, incubado con ira y rabia, estaba, al cabo, próximo a desbordarse de nuevo!


Siete días duró la tregua. El atrabiliario y altivo hechicero de la bata blanca había enviado su carnívora guardia de jayanes, metotrexatos y mercaptopurinas, oculta en diminutas pastillas a uno de los órganos que servían de despensa al resto, el agraz estómago. Allí aguardaron silenciosos como chacales, carroñeros y gregarios, al fúnebre cortejo de invitados, abalanzándose sobre los desprevenidos caballeros sin pronunciar una sílaba, barriendo a los moribundos a una laberíntica cueva conocida como hígado, donde se hacinaban los cadáveres en revuelto acervo. ¡Nadie hubiera adivinado que, como prueba de los protervos sentimientos y de la incivilidad del bárbaro hechicero de la bata blanca, aparecerían más tarde emborronadas en tinta sobre el pergamino de un laboratorio de análisis, con ojos vidriosos y vista empañada por el velo de la muerte, las lívidas cabezas de cuatromil leucocitos!

Se repite, entre lágrimas y lamentos, mi “noche toledana”.




Fotografía: una playa de Asturias que por torpeza no recuerdo, o quizá sea efecto de la noche toledana y su maquiavélica conspiración contra mi maltrecha memoria.


miércoles, 5 de octubre de 2011

Cementerio de Niembro

Aquí los muertos descansan al ritmo de las mareas. Las almas encadenadas entre dos mundos esperan la pleamar. Esperan una barca que los lleve mar adentro, a través de la ría, para empezar el viaje sin fin hasta la eternidad.

En noches de tormenta se pueden ver lenguas de fuego azul saliendo de sus verjas, como antorchas que se encienden en la oscuridad pidiendo clemencia. "San Telmo ten piedad de nosotros y liberamos del mal agüero", se escucha clamar desde lo alto del campanario.

La luna llena, mecida por sutiles olas, vendrá pronto por sus almas. Naveguen en paz por el mar, por los siglos de los siglos.




Fotografía: cementerio de Niembro, Asturias.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ría de Niembro

Todo sigue igual. Yo sigo igual. Las rías siguen igual, con sus barquitos varados en la orilla.

Los cementerios siguen igual. En su sitio, con las tumbas varadas en sus campos.

Las nubes vienen y van, como las mareas. Pero todo sigue igual.

La campana de la iglesia sigue igual. Muda y oxidada. Olvidada ya. Pero allí está.

El pueblo sigue igual. Turistas que vienen, turistas que van, aunque sus habitantes allí siguen igual.

Las fotografías son todas igual. Instantes que fueron, instantes que serán. La escena allí estaba y allí estará, siempre igual.

Los hombres enferman y envejecen, y entonces ya nada es igual.




Fotografía: ría de Niembro, Asturias.

martes, 6 de septiembre de 2011

El pastillero mágico y otra palmadita en la espalda

Acabo de llegar de recoger la exposición del CEART de Fuenlabrada. Puf, qué mareo y qué náuseas, ¿serán las 30 pastillas que me tomé ayer?.

El responsable de exposiciones, Juan Carlos Moya (que gran tipo, que agradable, simpático y colaborador), me vuelve a felicitar por mi trabajo y me repite que le ha encantado. ¿Me tomé las 5 pastillas de quimio de la mañana? Ah, sí, pero no me he tomado las 2 de mercaptopurina que he de tomar entre comidas ... ummmm .... voy a buscarlas al pastillero.

Además Juan Carlos me dice que ha mostrado mis fotografías a fotógrafos de primer nivel (Mellado, Díaz-Maroto, Ángel Marcos, ...) y que han sido unánimes en alabar mi trabajo, sobre todo las últimas fotografías que no son abstractas. No sé si comeré hoy, con este revuelto de estómago que tengo, pero ¿dónde está mi pastillero?

Me despido de Juan Carlos, me insiste: mueve tus fotografías, son muy buenas. Cuando tengas más pásate por aquí que las quiero ver. Ah, mira, allí está el pastillero .... pero si está ya vacío otra vez, ¿tendrá un agujero?. Total, si hoy sólo tengo que tomar 20 pastillas. Lo rellenaré otra vez.

En fin, que me vuelvo a casa con las fotografías debajo del brazo y una palmadita en la espalda, ¿y ahora qué?

Maldito pastillero, lo acabo de llenar y ya le faltan pastillas. Y los botes y cajas vacíos, ¿y ahora qué?

A seguir haciendo fotos, presentarlas no sé dónde, pedir cita para el médico para que me haga recetas, comprar más botes y cajas con las pastillas, y comprarme otro pastillero sin agujero, pero no sé dónde.

Cómo me duele la espalda del golpecito.
Cómo me duele el estómago del pastillero maldito.





Más fotografía conceptual de la serie "Desechos de tienta".


jueves, 21 de julio de 2011

La tierruca

Han pasado las náuseas, el cansancio extremo da una tregua y no han aparecido las temibles fiebres. Mañana chequeo médico.

Cada vez veo más cerca poderme escapar la semana que viene unos días a Cantabria. No podré recorrer los caminos y montañas que tantas veces he pateado, pero los cambiaré por la cámara de fotos y la búsqueda de nuevos rincones de los que disfrutar, eso sí, a los que se pueda llegar cerca en coche.

Así que con esto me despido hasta la vuelta.



Fotografía: un mar embravecido en algún rincón de Cantabria ....

jueves, 14 de julio de 2011

Penúltimo asalto: muérete un poco más

Por fin. Último ciclo de quimioterapia intravenosa. Hoy y mañana, sendas infusiones. No hablo de tisanas, ni de te ni de manzanilla, me refiero a "chutes". Pero antes, esta mañana, revisión con el gran curandero para que dé su visto bueno al tratamiento:

"Hola, ¿qué tal te ha ido?", me recibe el gran curandero con una enorme sonrisa que intuyo es fruto de la contemplación de mi enorme papada y mi prominente barriga. "Pues ..... puffffff .....", no me deja decir nada más. "Venga, venga, que yo te veo muy bien". Ale, otro igual, que me ve bien. Estoy harto de la frasecita ..... "No, si bien estoy. Bien j.....". "Pues ¿qué te pasa? A ver ...", me pregunta el gran curandero con un fingido tono complaciente. "Me pica todo el cuerpo", e intento no empezar a rascarme como si fuera un chimpancé," y me han salido granitos por todas partes. Pero lo peor es que en salva sea la parte parece que me hayan pasado papel de lija ... casi al rojo vivo está". "Despelótate chaval .... ummm .... bueno, una dermatitis. Normal que te salga con el tratamiento. Y eso son hongos, también normal que te salgan". ¿Serán alucinógenos?

Y seguimos: "La analítica está muy bien", dice el curandero. Pero yo veo que en más de la mitad de los parámetros tengo asteriscos. "Si usted lo dice". "¿Cuánto pesas?". "Tropecientos ...", respondo yo enojado. "Ala, has engordado 6 kilos. Son los corticoides, pero tienes que comer menos o te vas a poner como una bola". "Bueno, para mi que bola ya soy. Pero si le juro a usted que como normal y que me quedo siempre con hambre. Me muero de hambre", le digo. "Pues muérete un poco más", me dice sonriendo.

"Me duele la cabeza, me duelen los huesos y la musculatura ...", termino ya de quejarme. "Bien, para eso lo mejor es ajo y agua", dice el gran curandero. "¿Ajo y agua?". "Sí, ajo(derse) y agua(ntarse)".

Sigue escribiendo el curandero en su ordenador mágico. Al rato me imprime una hoja con el tratamiento. Cuento el número de pastillas diarias que me tengo que tomar en los próximos 15 días: diecisiete (17). Y dos pomadas .... la cuenta de la farmacia se va a alegrar.

"Sería bueno que te fueras unos días de vacaciones y te olvidas de hospitales", termina diciéndome el curandero, yo creo que apiadado de la tortura psicológica a la que me acaba de someter. "Pero debes tener muchas precauciones: prohibido tomar el sol, bañarse en piscinas, sécate bien e inmediatamente si vas al mar (por los hongos, claro), el alcohol prohibido, comidas crudas prohibidas, cuidado con lo que comes fuera de casa y come poco y sanito, no te canses, no te arrimes a gente que tose, niños, animales .... y bla, bla, bla". "Ah, muy importante", termina diciendo el curandero," y te haces una analítica y me llamas por teléfono para ver cómo está".

Carajo, ¿a dónde puñetas me voy yo a ir así de "vacaciones"? ¿O me ha querido decir que me busque un hospital al lado de la playa?¿Pues no me veía tan bien?


Pero me quedo con ese lindo deseo: ¡muérete de hambre un poco más!



Fotografía: Liencres (Cantabria)

viernes, 8 de julio de 2011

Ego y vanidad

Decía un colega del mundillo que para ser fotógrafo se necesitaba mucho dinero y tener el ego muy grande. Yo no tengo dinero, si no aquí iba a estar yo.

Ahora mismo, y jamás lo hubiera pensado, estoy exponiendo en tres sitios a la vez, y no precisamente tres sitios cualquiera: la estación de Oviedo con Caminos de hierro, en Photoespaña con Alliance Francaise y la Fundación Pilar Citoler en la colectiva "Tolerancia" y en el CEART de Fuenlabrada.

Para más vanidad y "gloria de cartón" del que escribe, el miércoles fui invitado por el embajador francés a su residencia en Madrid a una recepción que ofrecía a ganadores y finalistas del concurso y exposición "Tolerancia" de Photoespaña. Allí estaban no más de 50 invitados, incluidos el embajador, Pilar Citoler, Claude Bussac (directora de Photoespaña) y Juan Luna (conservador del Museo del Prado) ... Me llevé a mi padre, consciente de que mi cuerpo no iba a aguantar ni disfrutar del cocktail. Menos mal que el palacete estaba lleno de reliquias de otros siglos donde poder sentarme. Mi querido progenitor, muy impresionado por el plantel de asistentes, no se amilanó a la hora de enfrentarse a las fuentes de ostras, la degustación de quesos artesanales y de vino de Burdeos, e incluso pudo disfrutar de la presencia de Calypso (metro ochenta y cinco de gala). Yo me conformé con algún limón y los quesos.

Mi ego anda a golpes con el techo de mi casa, y mi vanidad no deja de preguntarme al oído "¿Y ahora qué chaval?".

"Pues ahora que va a ser ...", la respondo yo elevando levemente los hombros mientras frunzo el ceño porque la vía me molesta en el pecho cuando hago ese gesto, "pues esperar al último ciclo de quimio y si hay suerte escaparme algunos días al norte a hacer lo que más me gusta: fotografiar atardeceres".

"Vaya un fotógrafo de mierda ... ", me responde la vanidad que últimamente me ronda, "que vulgaridad y que desprestigio para alguien tan afamado como tú".

Yo la miro de soslayo y me río.




Fotografía: estany d'Ivars y Vila-Sana (Lleida)

martes, 5 de julio de 2011

Tres meses: ya va haciendo tiempo

Tres meses ha, tres, que la vida decidió cambiar el color de mis paredes. Y como no me gustó el color, decidí repintarlas. Nunca hubiera pensado que los pasillos eran tan largos y que los techos estaban tan altos. Ni imaginé la cantidad de rincones a los que no se llega con la brocha y hay que pintarlos con los dedos, con las uñas, con sangre, ...

Tres meses ha, que son muchísimo tiempo o no son nada: lo que fui, lo que he sido y lo que soy. Lo que seré tras ese largo pasillo sin aún repintar.

Hoy me quedo con las personas que me encontré por los rincones de mi nueva casa, las que me tendieron sus manos y me ayudaron a pintar. Con su nombre pintado con el corazón escribo en mis paredes.

Al resto los borro, bastante tienen ya con bañarse en su lodo, no vayan a dejar la huella de sus manos sucias en alguna pared y luego toque limpiarlo.

Gracias a todos los que pintasteis y a los infatigables que seguís pintando sin pedir nada a cambio.




Fotografía: ría de San Vicente de la Barquera (Cantabria)


lunes, 16 de mayo de 2011

Estamos en paz

La muerte blanca se aleja de mí.
La muerte blanca se aleja a dormir.
Se aparta, huye, se va lejos de aquí.

Me susurró al oído una noche,
lasciva y obscena, su funesta canción:
al alba te espero, mi amado,
al alba te aguardo, desnuda,
te besaré los labios
y danzaré para ti.
Pero no quise escucharla
y allí despechada quedó.


Desventura resuelta y vuelta al mar.
Respiro vida anclado en lo diario.
Estamos en paz,
y no viene a cuenta enumerar
propios dolores, penas y agravios.

La muerte blanca se aleja.
La muerte blanca volvió al mar.
Saltando entre las olas,
¡quién sabe a dónde irá!


Fotografía: por fin pude ver la primavera. Y fotografiarla.

domingo, 3 de abril de 2011

El lobo del pantano

Ayer, cámara al hombro, volví a retomar la olvidada costumbre de ir a buscar mis náyades al pantano. Como antaño, me adentré por esos territorios sombríos, donde la soledad es la única compañera, sorteando alambradas y muros de piedra. Me aposté sobre unas rocas, con la cámara montada en el trípode, esperando se obrara el milagro. Pasó más de una hora pero sólo podía ver paisajes grises. Y mi cámara enmudecida no fue capaz de mirar.

De repente tomé perfecta conciencia de lo que mi corazón buscaba: empecé a sentir la brisa sobre mis mejillas, la humedad despertó mi olfato que comenzó a distinguir los aromas del pantano, escuché el chapoteo de las carpas lanzándose sobre sus presas, me tumbé sobre la hierba y noté su roce sobre mi piel. Entonces recordé lo que le sentaba bien a un lobo.

Me desnudé y comencé a trotar en la soledad del ocaso por la exigua pradera que las generosas lluvias del invierno habían dejado en la orilla del pantano. A ratos, me paraba a beber de sus aguas, mientras alguna carpa salpicaba mi hocico. O me detenía a oler las flores que empezaban a brotar por cualquier sitio. Se despertó en mi la necesidad de beber sangre y sentir su amargo sabor en mi boca. De cazar alguna loba, de retozar por la hierba y perseguir en el horizonte los colores del ocaso.

Que discutan los inteligentes si en realidad soy un lobo, si soy fruto de mi imaginación o de un estado patológico. Lo que ellos piensen, incluso lo que yo mismo piense, carece de valor. Nadie podrá ahuyentar el lobo de mi persona, ni borrar esa sarcástica sonrisa que me marca la cara.

Dejaré mi cámara apostada en algún lugar y correré hacia el horizonte, donde muere cada día la luz, esperando que llegue la noche con una gran sonrisa que deje ver mis dientes sedientos de sangre.




lunes, 31 de enero de 2011

Y te empiezan a pasar cosas ...

Llegar al reconocimiento, en todas su escalas y versiones, en el mundo del arte o la creación se consigue o bien siendo un genio o porque alguien haga creerlo al resto de los mortales. Como yo no pertenezco al primer tipo, debería llegar a semejante estadio o por enchufe o por pesado. Como yo no tengo enchufe, sólo me queda una alternativa: ser un pesado.

Pero para desgracia mía, ay mísero de mi, no sé ser pesado ni aunque me lo proponga. Así que, vistos los planteamientos, debería desistir. Pero es ahí donde empieza la "cabezonería" aragonesa que llevan en herencia mis genes. Y entonces, simplemente por empeñarse en estar y ser, te empiezan a pasar cosas. ¿Hasta cuándo? La providencia dirá.

En el último mes del 2010 y en lo que va de año me han empezado a pasar cosas o, para ser más preciso, me siguen pasando: soy finalista, con opción a premio aún, de un prestigioso concurso nacional de fotografía; me han seleccionado para exponer en uno de los Centros de Arte públicos más importantes de Madrid, por no decir el que más; la semana pasada inauguré una exposición colectiva dentro del Madrid Gastrofestival 2011 y hoy me ha comunicado la Galería de Arte donde expongo que me ha vendido las dos fotografías expuestas. Y no es que me vaya a forrar, ni mucho menos, porque el beneficio por fotografía es irrisorio, pero a uno le hace ilusión vender una obra en una Galería de Arte a un comprador coleccionista que ve tu trabajo, le gusta y te lo compra. Y no sabes quién es, ni cómo se llama, ni dónde pondrá tus obras. Pero las ha sabido apreciar y te las compra.

En definitiva, te empiezan a pasar cosas, cosas buenas, y aunque no sepas cuándo ni cómo ni dónde se va a acabar la racha, abres velamen y a dejar que el viento te lleve.





Fotografía: pescadores en el embalse de la Tranquera (Zaragoza)


lunes, 15 de noviembre de 2010

De atardeceres

Cada día, como todos los días, el Sol se pone. Un atardecer nuevo, infalible, escrupulosamente puntual y predecible, sucede. Y así ha sido desde que existen el Sol y la Tierra.

Existen cada día, como todos los días, esos minutos de embrujo en el que la luz, agónica ya, difusa y caprichosa, dibuja siluetas, inventa colores y arrastra pasiones.

Todos los días se repite con precisión marcial la solemne ceremonia. Todos los días hay quien anhelante, con pueril vehemencia, los aguarda. Quien sabe si para atraparlos o bebérselos. Quien sabe si para dibujarlos o entregarse a ellos.

Con una infantil sonrisa dibujada en los labios y un cosquilleo merodeando en el estómago yo salgo aún a buscarlos, quien sabe si para soñarlos o para perderme en ellos.





Fotografía: riscos sobre la cala Tuent (Mallorca)

domingo, 17 de octubre de 2010

Fotografiar por el placer de fotografiar

Este fin de semana estuve de nuevo en Mérida a "recoger" mi exposición. Y volví a preguntarme que no sé ni por qué ni para qué ...

Pero valió mucho la pena el viaje: volví a disfrutar el placer de hacer fotos porque sí, porque a uno le apetece. Y volví a recrearme en esa maravillosa sensación de buscar un ángulo distinto, un plano distinto, y, como no, volver a emocionarme con las luces y las sombras. El discurso y el concepto quedan lejos. Lo malo es que sin el "concepto", uno se queda en eso, fotografiar por el placer de fotografiar.

Pero, ¿para qué o para quién fotografía uno? Yo, cada vez, fotografío más para mi.





No es lo que fue, sino lo que es.





Fotografía: acueducto de los Milagros, Mérida

miércoles, 18 de agosto de 2010

Perdido y encontrado

Puestos a perderse y desconectar por el valle de Arán, a fé que literalmente lo conseguí.

Siguiendo una ruta libro y mapa en mano en busca del Estanh Nere, subiendo por el Tuc de Parros, no tuve mejor ocurrencia que no seguir las indicaciones del libro y liarme a subir y subir, y subir y subir, hasta que encontré "un lago". Claro, no era el Estanh Nere aunque a mi me lo pareció (no sé por qué). Pero perdido, sin saberlo, estaba.

Y cautivado por la belleza del paraje, así como había subido y subido, y subido y subido, me enzarzé a bajar y bajar, y bajar y bajar. Pero como no era el lago de la ruta llegó un momento en el que me di cuenta de que después de 6 horas pateando rocas, me había perdido.

Afortunadamente divisé una pista de montaña y bajando a pico, sin contemplaciones, me dirigí a ella a ver si algún humanoide con su 4x4 pasaba por allí para preguntarle donde me hallaba. Los primeros en pasar unos francesitos que me dijeron que sí, que Beret estaba pista abajo, y que Viella a la derecha (lo cual me desconcertó y terminó de desorientar). Pero no había otro camino, así que a bajar por la pista.

Al rato otro 4x4. ¡ Albricias ! Esta vez era una pareja de habitantes de la península. Muy amables ellos pararon, y en un correctísimo aranés me respondían a mis preguntas en español/castellano. Les entendí algo así como que si quería ir a Beret "estaba jodido" (con perdón), y que por aquí arriba está Liac y Francia, y allá al frente también es Francia ... ergo, ¿dónde demonios he ido a parar?

Después de que la chica se apiadara de nosotros, empezara a hablarnos en español y convenciera al novio de que no le entendíamos y de que hablara también en español, cuestión esta que le costó bastante, y no por mala intención, si no por falta de costumbre, ya pude entender que pista abajo estaba Bagergue ... por fin un sitio conocido.

Apiadándose de nos, tuvieron a bien ofrecer su 4x4 para bajar por la pista hasta Bagergue (bueno, hasta una ermita a 2 km .... no fueran a gastar mucha gasolina).

Ahora, sólo quedaba bajar a Salardú y desde aquí por un GR subir los 700 metros de desnivel hasta Beret.

En total 9 horas de caminata, una buena paliza, pero el recuerdo de esos bellos paisajes en la retina.





Fotografía: Lago Montoliu, Valle de Arán. Me dio por probar eso de las panorámicas, y esta es la primera que hago con Photomerge.

lunes, 16 de agosto de 2010

De vuelta ....

Después del "ladrillazo" del máster decidí perderme por las montañas unos días. Así que mochila en mano me fui a una de las zonas más bonitas de España sin duda alguna: el valle de Arán.

Y allí, a parte de desconectar e intentar asimilar el último año de mi vida (tarea harto complicada), y tras recibir una "interesante" y "atractiva" llamada telefónica con una muy buena propuesta, a la que sin mucho pensarlo dije que NO (ya veremos si me arrepiento más adelante), literalmente me perdí. Pero ya hablaré otro día de cómo me perdí .....

Ahora, de vuelta a la realidad, a buscar el mapa y a rezar porque la brújula no falle. De entrada tengo que elaborar un plan de acción, porque además tengo la suerte de que pasado mañana alguien muy importante me va a ayudar con ese plan de acción.

Quizá muy pronto descubra la respuesta a la tópica pregunta, ¿y después de EFTI qué?

De momento, calma y a trabajar.



Fotografía: Artíes, Valle de Arán


miércoles, 24 de marzo de 2010

Ruidera, cinco amigos y los derechos de autor

¿Por dónde empiezo?

Por lo más importante: la amistad. El sábado pasado me fui con mis cuatro entrañables amigos Cinta, Maribel, Eugenio y Rafa a las lagunas de Ruidera, con los que a parte de la fotografía me une una empatía especial a la hora de compartir excursiones y conversaciones de sobremesa.

El mes de febrero nos ha regalado con el mejor de los presentes: el oro líquido. Y la naturaleza lo agradece. Las lagunas estaban desbordadas y los paseos impracticables, pero la belleza de este paraje es increíble cuando el agua la inunda. Merece ahora más que nunca la pena acercarse y disfrutar de cada uno de sus rincones.

Sobre los derechos de autor decir que una vez intercambiados unos cuantos correos con Wikipedia (la cosa no ha sido fácil, en este mundo la presunción de inocencia algunas veces favorece al delincuente, y resulta que el damnificado es el que tiene que demostrar con pruebas el daño recibido), por fin se han decidido a borrar mi fotografía del lago Dianchi. He de decir, gestiones aparte, que al final han prevalecido mis derechos de autor y que Wikipedia se ha comportado bien y rápido. Es justo reconocérselo.

Cuando termine el concurso me pondré en contacto con ellos para negociar una licencia de uso de mi fotografía en wikipedia.

Fotografía: lagunas de Ruidera, 20 de marzo de 2010, la primavera entra en el campo con chubasquero y botas de agua. Eso significa que cuando escampe se despojará de su ropa de abrigo y nos mostrará la belleza de su vestido estampado de colores .....


viernes, 11 de diciembre de 2009

Soñando la nada

El ojo carmesí del gran dios Marte rasga el velo helado que la luna tendió sobre la Tierra
la noche oscura suspira, el reino de las sombras toca a su fin.

La luna de sueños de plata se quiebra en mil pedazos con los primeros haces de luz,
un manto de zafiros cubre el lamento púrpura de las estrellas.

Los habitantes del lago sonríen bañados por la brisa fresca,
los árboles se abrazan con estruendo sordo de ramas adormecidas.


Apolo reina sobre sus blancos caballos de cabelleras doradas
un nuevo día nace, y el universo despierta.

Naveguemos por cielos infinitos buscando el beso de la vida
envueltos en nubes, soñando la nada.



Fotografía: estany d'Ivars y Vila-Sana (Lleida)


martes, 8 de diciembre de 2009

Vall de Boí

De vuelta de este largo puente por tierras leridanas con la tarjeta llena de bellas postales, el estómago en una tremenda batalla entre las faves catalanas y los caracoles a la brasa, y el congelador lleno de magdalenas de manzana.

Un puente rodeado de buenos amigos, algunos muy recientes y otros menos. Pero lo más alucinante, la hospitalidad de Rosamari y Benjamín. No sé cómo serán los esquimales, famosos por su inimaginable e inagotable hospitalidad, pero lo tienen difícil para superar a esta pareja.

Y aprovechando el viaje a Mollerusa y Miralcamp, hicimos noche en uno de los rincones más bonitos de España: Vall de Boí. En este precioso paraje, flanqueado por montañas nevadas, bien merece la pena esperar en uno de sus pueblos a que caiga el sol y le dé al hermoso valle un aspecto de ensueño, mágico, tiñéndolo de bellos colores.




















Y cuando las nubes deciden coronar las cumbres de sus montañas, el paisaje se torna de blanco y negro, en una fiesta donde los matices de la nieve varían con cada rayo del sol, con cada nube que las cubre. El alma, se sobrecoge. Y el hombre se siente diminuto, insignificante ¿qué puede competir con semejante belleza?



















En un valle donde la mano del hombre quiso competir con Dios, y erigió desafiante hacia el cielo monumentos al mismo Dios al que alababa. Iglesias que altivas se elevan por encima de los tejados de pizarra, que en la oscuridad de la noche se engalanan de luces para asombro de mortales, envidia de las estrellas. Torres de piedra que emergen del cementerio que habitan, donde cada noche las ánimas de los muertos trepan por sus escaleras, vértebras de madera, en busca de la gloria divina o quizá del beso de las estrellas.

Iglesia de Santa Eulalia, Erill la Vall, construida de tiempo y silencio.