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jueves, 29 de diciembre de 2011

El fuego purificador

Sirva ésta, si pudiera, para quemar todo lo malo que me ha pasado este año. Los malos ratos quiero que se quemen en mi memoria. Y aquella habitación blanca, llena de dolor, se tiña de todos los colores y sea capaz de revivir a todos su moradores.

Y aunque sigo renqueante y con la mirada algo turbia, a ver si soy capaz de quemar todos esos meses de sufrimiento.


Para aquellos que lean mi blog, les deseo todo lo mejor para el 2012. ¿Y salud? ¡Por toneladas!







Fotografía: embalse de Navacerrada (Madrid). Aunque parezca un "amaño" de Photoshop, ese cielo incendiado no es otra cosa que la contaminación lumínica ahuyentando la niebla. Y eso sí, un frío aterrador.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Con la punta de los dedos

El viernes me cobré una deuda que tenía pendiente con la leucemia, la traicionera muerte blanca. Abrí la última puerta que se interponía entre mi sueño y yo.

Ahora sólo es cuestión de tener paciencia (¿cuántas veces he escuchado la palabra paciencia en estos ocho meses?), sólo es cuestión de esperar unos días. Ya lo acaricio con la punta de los dedos.






Fotografía: Puerto de la Morcuera, Madrid.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Crepúsculo

Crepúsculo: "Etapa declinante que precede al final de algo"


Acabo de recibir una llamada que me abre una de las últimas puertas hacia el final de mi último sueño. La semana que viene puede que aquello con lo que soñé en el hospital esté muchísimo más cerca.



Fotografía: embalse de Santillana (Madrid)

jueves, 10 de noviembre de 2011

Por cada historia que termina

Anochece y se vienen encima oscuridad, silencio y frío.

Por cada historia que termina un corazón que se parte, desangrándose en el olvido.

Una luna nueva que asoma, un largo día que acaba.

Perdóname por haberte querido. Perdóname por haberme perdido.

Todas las historias se terminan: en unas ríes, en otras lloras, pero al final en todas las páginas se acaban.

Así fue aquel loco camino sin sentido, una breve historia que se acaba.

Hoy llueven rencor, ira y lágrimas. Hoy muerde el estómago encogido.



Por cada historia que termina,

oscuridad,

silencio

y frío.




Fotografía: una historia que termina, ahogándose en un pantano, entre oscuridad, silencio y frío. Embalse de Santillana, Manzanares el Real.

martes, 8 de noviembre de 2011

Algo que celebrar

Aquel día decidí cumplir un sueño. La noche anterior, aislado en aquella habitación terriblemente blanca del hospital, me había despedido de mi hermano que, atónito y sin articular palabra, se petrificó delante de la cama incapaz de reaccionar. Jamás se me olvidará su cara ni esa dulce sensación que se apoderó de mi: la de apagarse lentamente, como se apaga una vela que se queda sin mecha.

Al día siguiente la suave luz del sol que apenas dejaba pasar las exiguas lamas de la persiana me desperezó de las brumas que se habían apoderado de mi. Sin poder mover ni la mano para secarme una lágrima que me caía por la mejilla, porque mi cuerpo falto de oxígeno era incapaz del más mínimo movimiento, decidí cumplir un sueño.

Un sueño que consiste en una carrera de obstáculos en la que hoy, gracias a Dios, tras mucho esfuerzo y lucha contra mi mismo, que es la más difícil de las luchas, he logrado sortear uno de los más complicados.

Así que hoy sí tengo algo que celebrar: mi sueño está cada vez más cerca, aunque la vida me ha enseñado que lo que un día está cerca, al día siguiente puede estar en el infinito, o más allá. Pero no por eso hay que dejar de luchar ni perseguir un sueño.




Fotografía: tomada en el embalse de El Vellón, Madrid

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mi tercer seno

Me acuerdo de cuando era pequeño (ya va haciendo tiempo) y en algunos circos se anunciaban seres extraordinarios como reclamo para acudir a las funciones. Estos seres extraordinarios eran la mujer barbuda, el enano más enano del mundo, una sirena, el hombre sin brazos y ... la mujer de tres senos (o tetas).

Siempre me quedé con ganas de haber ido a verlos. Pero mira tu por donde hoy mismo, sin comerlo ni beberlo, he podido ver a un ser extraordinario con tres senos: yo mismo. Hoy tocaba revisión hospitalaria con punción y aspirado de médula. Para mi sorpresa el doctor que me lo ha hecho era nueva en el hospital. Nuevo fichaje y éste que suscribe, se echa a temblar. Y no me he equivocado: mucho se ha pensado dónde hacerme la punción y mira que está fácil, carajo, en el esternón, justo en el "canalillo", si ya llevo unas cuantas. Pues no, este novato que se empeña en hacérmelo más arriba. Malo, malo. Y claro, jeringuilla en ristre, zas, puñalada (y no exagero). He descubierto tres asteroides nuevos y una galaxia entera. Y como debe ser que veía que no lloraba y esta circunstancia le debía extrañar, se ha ensañado con mi pecho como si de un picador de plaza de cuarta categoría fuera. Y venga a empujar, y venga a mover. ¿Te duele?, me pregunta el malevo. Y allí, ensartado, mi orgullo renace: "No". Y rendido cesa en su empeño de convertir la punción en una especie de suerte de varas, sólo que con el toro, yo, postrado en una cama sin escapatoria. Doblegado, pero perverso, me hace el aspirado y donde siempre ha sido una sola jeringuilla, éste, sádico y cruel, me saca dos.

Ahora soy uno de esos seres extraordinarios que las nieblas de mi infancia me traen de recuerdo: el hombre con tres senos (o tetas). Lo malo es que este tercero (o tercera) no me lo puedo tocar porque duele. Ya te digo que si duele.



El lunes unos pacientes amigos lograron sacarme de casa para hacer fotos al embalse de El Vellón. Rompieron mi aislamiento asocial, cosa que les agradezco infinito, pero no mis talones, cuya actual autonomía no pasa de 15 minutos andando y 5 minutos de pie. Logré subir una cuesta de 20 m, eso sí, con el resuello de un anciano de 90 años. Menos mal que la tarde la pude pasar sentado en el sofá. Al día siguiente cogí la tarjeta de memoria y descubrí, para mi asombro, que había hecho dos fotos ....





Fotografía: postal, sin más pretensiones, del embalse de El Vellón (Pedrezuela)

miércoles, 15 de junio de 2011

Este planeta está enfermo

"Hola Julio, aquí vengo con mis padres a invitarles a comer por mi cumpleaños ....", digo con mi calva reluciente al entrar al restaurante.

"Hombre, ¿cómo estás?". "Pues del hospital a casa, de casa al hospital. Unos días mejor, otros peor. La quimioterapia esta que ...". Julio, el dueño, me interrumpe y saca de debajo de la mesa una analítica y un informe médico: "Mira, tengo varias manchas en el pulmón. Pequeñitas, de milímetros, y van a ver de qué son. Yo no me preocupo por estas mariconadas .." (Y una leche, pienso yo ...). "Ya te contaré en que acaban estas manchas, pero vamos que tu leucemia bien, ¿no? Sólo hay que verte ...", termina diciendo el tal Julio.

Santiago, el otro dueño del restaurante, de complexión atlética, alto y hermoso, engominado hacia atrás me pregunta por mi salud. "Bueno, pues curándome la leucemia, pero esto es largo y uno se siente enfermo y cansado y ...". Otro que me interrumpe: "¿Enfermo? Si yo te contara como estoy, el estrés del restaurante, el ....", y dejo de escuchar, desconecto y me siento a la mesa.

.........................

"Hola Emi, ponme un zumo, un café y una tostada que vengo de hacerme una analítica". Saco mi pastillero y me sumerjo en él a rescatar las 8 pastillas que tengo que desayunar. Emi vuelve con mi desayuno: "Guapetón, que bien te veo". "Sí, ya me ves, empastillándome ...". "Eso no es na", suena con deje extremeño, "yo me tomo 13 pastillas al día desde que tengo 8 años de edad, soy epiléptica, depresiva, y .....". Me concentro en la tostada y vuelvo a desconectar.

......................


"Me he enterado de lo de tu leucemia", me dice el vecino. "Sí, ya ves .... una putada", digo. "¿Putada? Para putada la de un compañero mío del trabajo, que le diagnosticaron una leucemia promielocítica ..". "Anda como la mía", digo yo. Pero no me deja seguir: " ... se la diagnosticaron tal que un sábado y el domingo la palmó". Decido despedirme porque me están esperando mis padres .....

...................

"¿Qué tal vas tío?". "Macho, llevo ya más de dos meses con la maldita leucemia, a mitad del tratamiento fuerte y esto de estar todo el día hospital arriba, hospital abajo, quimioterapia, náuseas, mareos, fiebre, altas, bajas, pruebas,...., está uno harto". "Joer, pues yo te veo bien tío, no parece que tengas nada ... bueno, lo de la calva, está de moda ....". Ya estamos otra vez, pienso yo, que la procesión va por dentro ....... "Tu fíjate que ojeras tengo yo", me dice, " sólo duermo un par de horas al día, y no seguidas. La loquera después de 8 años de tratamiento todavía no ha encontrado nada que me haga dormir".

............

Un conocido del barrio me da hoy los buenos días. "¿Y ese cambio de look? A la moda, ¿no?, la cabeza rapada". "Pues no, es que hace dos meses .....", hago un parón y me lo pienso", ... me salieron piojos y tuve que raparme el pelo. Ahora tengo un eccema y estoy dándome cremas a ver si se me quita". "Ah, vaya .... y oye, hace mucho que no te veo, ¿dónde te has metido?". "Pues es que ....", estoy unos segundos en silencio pensando qué decir," ... he tenido una gripe tardía, y unos cuantos viajes, por eso no me has visto". "Bueno, me voy al hospital que le van a hacer un by-pass a mi padre".

............


El caso es que me acaban de llamar del hospital, tengo que hacer la maleta y presentarme allí ya mismo. Me espera el quirófano para ponerme una vía central y la primera bolsa de termitas. No contaba con ingresar hoy, ya que no me habían avisado aún. Pero mi vida ahora es así, no hay planes, ni días, ni mañanas ... sólo hospitales. El estómago se me ha encogido, pero allá que voy a por el tercer ciclo de quimioterapia sabiendo lo que me espera los próximos días ....



Pero vamos, yo no estoy enfermo, sólo hay que verme. El que está enfermo es este planeta. O más bien, sus habitantes.






lunes, 23 de mayo de 2011

De cosas que emocionan

No voy a hablar de efectos secundarios de las quimioterapias, ni del porcentaje que hay de que al final de los ciclos de quimioterapia la leucemia no esté erradicada, ni de la duración de los tratamientos, ni de punciones para extraer médula ósea. No, sólo me apetece hablar de cosas que emocionan.

El domingo fui a ver a mi sobrino que jugaba un partido de fútbol de la copa de la Comunidad de Madrid para niños de 6/7 años. Para mi gran regocijo metió un gol. Pero lo que realmente me emocionó, hasta la mismísima maldita médula enferma que casi me destruye, fue verle correr como alma que lleva el diablo hasta la grada donde yo estaba sentado y dedicarme el gol frotándose la cabeza como si fuera mi calva.

Me recorrió un gran escalofrío y sentí como una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Estas cosas que emocionan son por las que merece la pena vivir y luchar.





Fotografía: otra cosa que emociona, ver la puesta de sol desde la terraza de mi casa.

jueves, 10 de marzo de 2011

Cuestión de estilo

El estilo y la paciencia son cualidades, quizá virtudes, que se adquieren de la misma manera: se nace con ellas. Y lo que es peor, a menudo, necesitan del factor tiempo para manifestarse. Se pueden ejercitar, no lo dudo, y quizá, con perseverancia, se consiga algún progreso; más aprenderlas, se me antoja imposible.

Quien nace impaciente, muere impaciente. Quien nace sin estilo, muere sin estilo. ¡Qué crueldad manifiesta!

El estilo, en cualquier ámbito, debería ser una cualidad imperceptible a primera vista. El estilo de escribir, de pintar, de vestir, de andar, de amar, de vivir. El verdadero estilo está siempre al servicio del propósito, pero oculto. El estilo es algo que se percibe y no se ve, que cuesta a menudo definir. El estilo es el medio, no el fin. Es el atributo del mago que embauca sin que se repare en ello.

Cuando ocurre al revés, ya no es estilo, es amaneramiento o algo peor y más perfumado. Y si además se intenta copiar, es vinagre, no vino.

¿Cabe pues torpeza más grande que querer copiar un estilo y pretenderlo, encima, desde el primer instante?

Yo, pecador, no sé si tengo estilo. Pero lo que sí sé es que no tengo paciencia. Por ello todo lo que copié o premedité, lo tiré a la papelera.




Fotografía: este invierno nos regaló agua y nieve, y muchos días de niebla. No vi año, o no recuerdo haberlo visto, en el que el embalse de Santillana así rebosara. Esas ramas donde las rapaces posan pertenecen a unos enjutos y cadavéricos troncos, antaño árboles, y que en el estío, hasta su entronque con la tierra, en toda su longitud se muestran.


jueves, 6 de enero de 2011

La ciudad gris de los hombres sin alma

Había una ciudad gris habitada por los hombres que no tenían alma.
De vez en cuando la observaba desde la distancia apostado en algún risco.
Otras veces me adentraba en ella para alimentar mi estómago.
En la ciudad estaban atrapados millones de sueños.
El ruido rebotaba por sus laberínticas calles como los aullidos de una jauría de coyotes.
De vez en cuando se veía el sol entre sus muros sobre el cielo azul.
Otras veces, las más, se cubría de humo y polución.
En las tripas de la ciudad gris los hombres se morían de hambre.
En aquella ciudad nadie me veía y nadie era como lo miraba.
Nadie se hablaba.
Había una ciudad gris a la que nunca quise ir
habitada por hombres sin alma
que no se dejaban ver.




"Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro"

Miguel Hernández




lunes, 22 de noviembre de 2010

Die unendliche Geschichte

A veces puede verse a Atreyu subido sobre el lomo blanco de Fujur escapando de la Nada entre las nubes, porque ya ningún humano nombra a la Vetusta Morla.

Es vieja, sabia y poco sociable, pero si no la nombramos más, la Nada se apoderará de Fantasía: "Oh, Vestusta Morla".




Fotografía: embalse de Santillana desde La Pedriza

miércoles, 27 de octubre de 2010

El perro filósofo, un OVNI y un árbol

Me dijo el perro filósofo que quizá debería buscar un lugar donde pudiera aterrizar un OVNI.

También me dijo que los egos alborotados deberían tener la boca cerrada, y que todos tenemos pensamientos necios, pero el sabio se los calla (callar y callemos, que los dos por qué callar tenemos).

Cuando encontré un lugar adecuado para que aterrizara un OVNI, puse señales y esperé. Hacía viento y frío, pero esperé. Y por fin aterrizó un OVNI y bajó de la nave un extraterrestre vestido de Abraham Lilcoln, que dijo tener un recado para mi de parte del perro filósofo: "Vale más estar callado y que sospechen tu necedad que hablar para sacarlos de la duda".

Así que no hablé y me quedé callado, pero no sé cuánto tiempo, porque hacía viento y frío.

Estuve esperando al perro filósofo, pero no vino. Bajé al río, aunque ya estaba oscuro. Allí me encontré con un pato, oscuro y feo, como el río. Le pregunté por el perro filósofo, pero sólo supo decirme que por el mismo caso que debía callar, reventaba por hablar.

Como no le entendí, y además de viento y frío, estaba oscuro y feo, me fui. Pero al pasar al lado de un árbol, como hacía viento y frío, aunque estaba oscuro y feo, en su tronco yo escribí:

"Un placer como el de una conversación perfecta es necesariamente extraño, ya que quienes son sabios rara vez hablan y quienes hablan rara vez son sabios".

Y como seguía sin venir el perro me marché con viento frío, oscuro y feo.



miércoles, 22 de septiembre de 2010

Y volví a buscar las náyades

Está mi cámara muy perezosa últimamente, pero como dice mi amigo Pablo, las musas a veces vienen, a veces se van. Y en ese menester creo están mis náyades, que no saben si van o si vienen.

Aprovechando el fin de semana pasado y que los cielos de Madrid vuelven a poblarse de nubes anunciando la inminente llegada del otoño, saqué mi cámara a pasear. Tuve que despertarla de su letargo y animarla un poco, porque andaba deprimida, prometiéndola que iríamos de nuevo en busca de nuestras náyades.

A fe que no vi ninguna, no sé si porque las aguas empiezan a replegarse por la sequía, porque me extrañan debido al largo período en el que no las he ido a visitar o porque han emigrado en pos de mejores lares donde habitar. Cuando hube explorado un buen rato el misterioso territorio de las náyades descubrí unas siluetas apostadas en la orilla, vara en mano, en inmóvil ademán hierático, como si de estatuas de sal se trataran. No eran ni gigantes fruto de un encantamiento, ni las huestes de Pentapolín del Arremangadobrazo, ni las de Félix Marte de Hircania. No. Era algo menos poético, más vanal, más del siglo XXI, pero que explicaba el por qué las náyades no se dejan ver: era una recua de rumanos caña de pescar en mano, ebrios la mayoría aunque silenciosos (esta vez), rodeados de una ingente e inexplicable cantidad de bolsas de plástico y latas de cerveza, que según pude comprobar dejan allí por toda la orilla depositadas (que no abandonadas, no seamos mal pensados) para que las náyades puedan comer los restos de bocadillos de panceta y cerveza que quedan.

¡Que burros! ¿Es que no saben que las náyades son vegetarianas y abstemias?



Una de las ventajas de la cámara fotográfica es su virtud de encuadrar, o sea, poder elegir qué parte de una escena atrapa y qué parte deja fuera. Y esto además es lo que distingue a un fotógrafo. Así que opté, no sé si acertadamente, por no fotografiar las patéticas huestes y dedicarme a lo mío, las náyades (que al parecer mi cámara sí puede verlas).


Fotografía: embalse de Santillana, hogar de las náyades.

viernes, 30 de abril de 2010

Una tarde de abril

Sin lugar a dudas, los atardeceres más bonitos del año en Madrid son los de primavera. La altura del Sol, la acumulación de nubes, la temperatura, la atmósfera aún limpia después de la época de lluvias.

Ayer, por suerte, llevaba la cámara conmigo porque había acompañado a mis padres a pasar la tarde con mis sobrinos. Hacía mucho tiempo que no los veía. Y desde el coche vislumbré hacia el oeste el espectáculo celestial por encima de las lomas.

Esa encina la he observado centenares de veces solitaria perdida en lo alto de la loma. Cuántas veces he pensado que debería acercarme un día a encontrar una buena foto.

Pero ayer no estaba sola.

Esta foto se la dedico a Maribel, que después de una temporada con la guillotina del paro encima el gaznate, ayer tuvo una llamada telefónica que la ha salvado la vida (Sr. Ferrán es usted un chorizo, un delincuente, un exterminador y deberían meterlo en la cárcel al lado de los presos comunes. Con la boca de 4.000 familias no se juega, SINVERGÜENZA)



Fotografía: carretera de San Agustín del Guadalix a Colmenar Viejo

miércoles, 28 de abril de 2010

Es que ni en mitad de la sierra me dejan en paz ...

Me subo hoy a La Pedriza a media mañana a correr una horita. Cuando termino me quito la camiseta, zapatillas, .... y me tiro encima de una roca a comerme media piña natural que me había llevado en un termo, para que estuviera bien fresquita. Y luego a tomar le sol, como una lagartija. Sí, son cosas que conlleva estar de excedencia.

Que paz, que tranquilidad, allí arriba solo .... PUES NO. Oigo que vibra el móvil, un mensajito. Mi querido jefe que me dice que le llame cuando pueda.

Manda huevos (con perdón).



Fotografía: la cuerda larga desde una finca de Cerceda. Sí, estaba abierta la verja y me he colado. Estaba precioso.

lunes, 26 de abril de 2010

Primavera desde la madriguera

Dedicado al "empedrado" y al "ladrillero" del Weetyr (o Víter, o Triter, o Twister, ...).

Y un buen día el conejo notó que una gota de sudor le resbalaba por la frente. Acababa de sentir calor. Entonces se asomó por la entrada de la madriguera y vio que algo había pasado repentinamente ahí fuera. Quizá era que el invierno por fin se había marchado acongojado por los rayos del sol, o que Alicia había vuelto a atravesar el espejo (por más que se empeñen en meterla en una cueva). El caso es que el campo se había alfombrado de un inusitado color amarillo.

" ¡Que raro! Esto ayer no estaba así. ¿Será obra de algún encantamiento?" Y miró su Garmin, y vio que era 24 de abril. "¡Ay, coño!" exclamó el malhablado conejo, "pero si es que ya es primavera ¡Carajo! Y el Corte Inglés sin anunciarlo ..."

Así que el conejo se vistió de "Pataliebre" y se fue a trotar por al campillo, todo feliz y contento con sus nuevas Salomon, camino de la Mali o de la Bola.

Mientras el viejo zorro lo observaba de lejos con los bolsillos llenos de piedras, que había ido recogiendo durante todo el invierno para tirárselos al conejito trotón que no salía de su madriguera. Así que se fue a ver al Doctor Lechuzo para que le quitara esas piedrecitas. "Uyyyy, señor Zorro, un par de meses de baja sin correr ... a ver si se pasa la primavera y en el veranito se recupera usted. Hasta entonces, reposo".

Y la raposa se fue a descansar y el conejito a trotar.

Y colorín colorado, este ladrillo de hoy se ha acabado.

P.D.- ¿y el caballo? A lo suyo, con su cerveza ....


miércoles, 3 de febrero de 2010

Y llegó la luna llena

Hablaba ayer de desilusión y pasotismo en el máster. Pues bien, hoy nos han convocado a una reunión con el coordinador el próximo lunes. Lo que me voy a reír, empezando porque faltará la mitad de la clase. El lunes, lo cuento.

Hablemos de cuestiones menos trascendentes.

El sábado esperando inspirarme y capturar la luna llena, apostado desde el inicio del atardecer entre unas rocas, pasando frío y con la espalda dolorida, se hizo de noche, pero la luna no aparecía. Hasta que unos pequeños reflejos de luz en las nubes anunciaban que Selena en todo su esplendor despertaba una noche más y jugaba a desperezarse entre las nubes, como si se de un edredón de plumas se tratara.

Y entonces, con la cámara preparada en el trípode, embelesado con la hermosura que se me ofrecía ante los ojos, empecé a medir la luz y dejé que mi cámara hiciera su trabajo durante los 8 minutos que duró la exposición.

Mientras tanto, a contemplar el espectáculo.

Como me gusta hacer estas fotos, aunque no sean valoradas. Ahora está de moda fotografiar el llamado "tercer paisaje", paisajes a camino entre la ciudad y el campo, con escombros, rodadas de coches, restos de botellones y fiestas sexuales. Que se vayan a la mierda. Sí, lo he escrito bien, a la mierda. Yo me quedo con mi naturaleza y su lado misterioso y mágico.

Otros que se hagan fotos en pelota picada en su casa, acariciándose con fragor su miembro viril en pleno esplendor, y escriban al lado el texto de un sms de móvil, intrascendente y estúpido. Seguro que lo expondrán en alguna escuela de fotografía que imparte másters internacionales, como joven promesa de la fotografía. Y quien no lo crea, que lo vaya a ver.

Que asco de vida ...... yo me vuelvo a lo mío.


Desilusiones y pasotismo general

Últimamente no dejo de escuchar a mi alrededor estas dos palabras: "desilusión" y "pasotismo".

En mi grupo del máster los compañeros, la mayoría, están desilusionados y se quejan del pasotismo de los profesores/tutores/directores. Los profesores están desilusionados con los alumnos y se quejan de a su vez del pasotismo estudiantil.

Los "artistas" están desilusionados por el pasotismo del mercado. Los galeristas desilusionados, pasan. Los amigos pasan y tú te desilusionas. Así que tu pasas de tus amigos, y les desilusionas.

Pongo a la venta fotografías a precios ridículos en la exposición para ayudar con lo que saque a las víctimas de Haití y la gente pasa. Hasta tal punto que algunos de los visitantes a la galería miran el anuncia en letras rojas "Ayuda Haití", y se van para otro lado, corriendo, como si no lo hubieran leído. Uy, no vaya a abrir el álbum y venga alguien a convencerme de que compre una foto. Ya he comprado un billete simbólico de 1€ el otro día en el metro, ¿qué más quieren?

Pero aquí ¿qué pasa?

Yo, no es que ande desilusionado. Me han enseñado a tener los pies sobre la tierra aunque la cabeza esté en las nubes. Y sobre todo, a pensar que las cosas van a salir mal siempre. Al contrario, no paro de encontrar gateras por donde quizá pueda colarme cuando me convierta en gato. Porque puertas, lo que se dice puertas, cuesta abrirlas y mucho.

Sin embargo, pasotismo lo veo por todas partes. Así que me uno al clamor popular, y yo paso también. Pero no me van a desilusionar. Y las palmaditas en la espalda, el palabrerío que se lo guarden, que os los guardéis ... yo me pondré a hacer fotos. Aunque sean malas.


Fotografía: embalse de Santillana (para variar), un día nublado con luz bastante difusa.

domingo, 31 de enero de 2010

Esperando la luna llena

En muchas ocasiones el discurso, el concepto, el contenido, el mensaje y todas esas piedras angulares de la fotografía moderna que nos pretenden meter en el cerebro se van "al carajo" cuando uno se planta delante de la Naturaleza y descubre esas hermosas escenas que te brinda delante de los ojos, tan intrascendentes y pasajeras, como las nubes que lo adornan.

Aquí no hay concepto, ni mensaje (¿o sí?). Sólo pura belleza y pura búsqueda de los estético. Sin más pretensiones que plasmar en pixeles un momento mágico e irrepetible.

Y yo allí delante, esperando en mitad de la nada a que saliera la luna llena ...

domingo, 10 de enero de 2010

Nevando

Está nevando. Al otro lado de la ventana, -5ºC . Pero ... ¿voy a dejar de ir a ver la morada donde habitan mis náyades? ...

Las aguas heladas me reciben en la solitud del paraje. Los finos copos de nieve bailando delante de mis ojos caen sobre el embalse, depositando su gélido beso. Arroyos cristalinos borbotean entre los carámbanos de hielo, abrazando las rocas, se estrellan contra el cielo. La soledad. El silencio.

Las náyades huyeron, detrás de las cigüeñas con sus alas pintadas de blanco.

Aquí no queda nada. Sólo la fría danza.

Me quedo de pie, contemplando como se escapa el día entre los copos de nieve y los cendales que se descuelgan del cielo ocultando la sierra.

Y aquí, donde acudo a escuchar mis sueños, sigue gimiendo el invierno.