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lunes, 3 de octubre de 2011

Ría de Niembro

Todo sigue igual. Yo sigo igual. Las rías siguen igual, con sus barquitos varados en la orilla.

Los cementerios siguen igual. En su sitio, con las tumbas varadas en sus campos.

Las nubes vienen y van, como las mareas. Pero todo sigue igual.

La campana de la iglesia sigue igual. Muda y oxidada. Olvidada ya. Pero allí está.

El pueblo sigue igual. Turistas que vienen, turistas que van, aunque sus habitantes allí siguen igual.

Las fotografías son todas igual. Instantes que fueron, instantes que serán. La escena allí estaba y allí estará, siempre igual.

Los hombres enferman y envejecen, y entonces ya nada es igual.




Fotografía: ría de Niembro, Asturias.

martes, 27 de septiembre de 2011

Intoxicado

Me estoy intoxicando. Y digo "estoy" y no "están", porque al final el que se traga las pastillas soy yo. Hace unas semanas atisbé la posibilidad de que recuperaría mi actividad normal muy pronto. Me equivoqué. La ingesta masiva e interminable de pastillitas, antineoplásicos, citotóxicos o como diablos los quieran llamar me tiene contra las cuerdas porque el cansancio y las náuseas (asquito, según dice mi médico, palabrita que define mejor la sensación) no me abandonan. Otras reacciones adversas que tengo ya me parecen una nimiedad.

Estoy también empezando a cansarme de escuchar aquello de "ten paciencia", superada la cantinela del "que bien te veo". Y no digamos el eufemismo del "que fuerte te has puesto" (talla XL, por cierto).

Recuerdo una canción de cuando era pequeñito que decía "de la dusha a la cama y el yes very güel", de un tal Pepe da Rosa (un crimen, sí, un crimen). Y yo aquí, erre que erre, "de la cama al sillón y el nou plis, no puido".

Quién me ha visto y quién me ve: en lugar de estar pateando los Picos de Europa yo, el "sillonbolero" más cansado del mundo entero, planchando la oreja en el hotel. Tendré que tener paciencia que me veo muy bien y me estoy poniendo muy fuerte, ¡qué carajo!.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Promielocitos normalizados

Ayer, nuevo chequeo médico. Y debo estar muy bien porque ya no intereso. Las consultas han pasado de ser de media hora a cinco minutos. Antes, el médico anotaba todas las reacciones que sufría mi organismo, ahora sólo levanta los hombros y tuerce una ceja. Antes yo salía con un informe debajo del brazo, ahora con un apretón de manos. Eso sí, de las analíticas y las punciones no me libro: quince minutos tardó la enfermera en extraerme la sangre porque, claro, mis venas no son tontas y se esconden, así que acabó pinchándome en el dorso de la mano, lugar que me encanta, por cierto.

Y aunque me volví a quejar por enésima vez de este cansancio que me persigue cada vez que tomo las pastillas A combinadas con las B, al sabio de la bata blanca le faltó echarme del despacho con una patadita en el culo. A este tipo de mirada astuta e hiperactiva sólo le interesan mis promielocitos, que por lo que se ve, ya están totalmente normalizados.

Así que como no me hacen caso, voy a cambiar unos días de aires para, una de dos, o terminar de reventarme de cansancio o subir una vez más de talla. Y quién sabe si conseguir alguna buena fotografía.





Fotografía: algún rincón de Cantabria del que mi triste memoria no recuerda el nombre.


martes, 13 de septiembre de 2011

Humanos fluorescentes inmunes a la leucemia

Leo ayer en el periódico un artículo titulado " Crean gatos fluorescentes inmunes al sida". Como vivo en otro mundo busco la fecha y no, no es 28 de diciembre.

Creo en la comunidad científica, así que voy a pedirles que una vez probado en los felinos creen humanos fluorescentes inmunes a la leucemia. Y también humanos efervescentes inmunes al cáncer. Y humanos elastómeros que no se mueran de hambre aunque no coman.

Más difícil va a ser, por no decir que imposible, crear simples humanos de carne y hueso inmunes a la estupidez. Aunque todo es cuestión de ponerse.

Un frente asténico, borrasca de quimioterapia, me ha hecho una visita y como el anticiclón no quiere venir, me tiene "acogotado" contra el sofá. Pero claro, como tengo un aspecto fenomenal y estoy muy fuerte (eufemismo por gordo, con el que últimamente soy muy amablemente bombardeado) no tengo de qué quejarme. Pero como estoy enfermo, o ya no, no lo sé, me importa un pito y voy a quejarme: estoy harto de sentirme cansado, harto de la apatía, harto de la falta de ganas, harto de tomar decenas de pastillas a diario, harto de mi barrigón, harto de tirar de mi energía hasta agotarla, harto de leer en los informes "asténico sin otra sintomatología", harto de protestar ... ¡¡¡HARTO!!!



He realizado experimentos científicos para convertirme en inmune a la leucemia, pero he fracasado estrepitosamente. Con lo que no contaba era con sus efectos secundarios y ahora soy fluorescente, o efervescente, o un protestón de color verde. ¡Vaya usted a saber!



martes, 6 de septiembre de 2011

El pastillero mágico y otra palmadita en la espalda

Acabo de llegar de recoger la exposición del CEART de Fuenlabrada. Puf, qué mareo y qué náuseas, ¿serán las 30 pastillas que me tomé ayer?.

El responsable de exposiciones, Juan Carlos Moya (que gran tipo, que agradable, simpático y colaborador), me vuelve a felicitar por mi trabajo y me repite que le ha encantado. ¿Me tomé las 5 pastillas de quimio de la mañana? Ah, sí, pero no me he tomado las 2 de mercaptopurina que he de tomar entre comidas ... ummmm .... voy a buscarlas al pastillero.

Además Juan Carlos me dice que ha mostrado mis fotografías a fotógrafos de primer nivel (Mellado, Díaz-Maroto, Ángel Marcos, ...) y que han sido unánimes en alabar mi trabajo, sobre todo las últimas fotografías que no son abstractas. No sé si comeré hoy, con este revuelto de estómago que tengo, pero ¿dónde está mi pastillero?

Me despido de Juan Carlos, me insiste: mueve tus fotografías, son muy buenas. Cuando tengas más pásate por aquí que las quiero ver. Ah, mira, allí está el pastillero .... pero si está ya vacío otra vez, ¿tendrá un agujero?. Total, si hoy sólo tengo que tomar 20 pastillas. Lo rellenaré otra vez.

En fin, que me vuelvo a casa con las fotografías debajo del brazo y una palmadita en la espalda, ¿y ahora qué?

Maldito pastillero, lo acabo de llenar y ya le faltan pastillas. Y los botes y cajas vacíos, ¿y ahora qué?

A seguir haciendo fotos, presentarlas no sé dónde, pedir cita para el médico para que me haga recetas, comprar más botes y cajas con las pastillas, y comprarme otro pastillero sin agujero, pero no sé dónde.

Cómo me duele la espalda del golpecito.
Cómo me duele el estómago del pastillero maldito.





Más fotografía conceptual de la serie "Desechos de tienta".


lunes, 29 de agosto de 2011

Recuerdos de infancia: la morena del cuadro

Los tan lejanos recuerdos de infancia son tesoros que jamás deberíamos dejarnos robar. Magnificados siempre por su lejanía y la deformación infantil, a veces nos devuelven pesadillas y otras nos regalan imágenes idílicas.

Entre los míos, que cada vez quedan más distantes, está el recuerdo de una hermosa mujer morena pintada en un cuadro de una exposición a la que mi padre me había llevado. Un sobrecogedor y mágico claroscuro hacían de su tez blanca una aparición celestial saliendo de las tinieblas. Sus piernas no parecían tener fin, pero lo que más me turbaba era su provocador hombro apuntándome hacia donde parecía asomarse, tímido, uno de sus pechos. La chica piconera de Julio Romero de Torres se quedó para siempre grabada en mi subconsciente.

Aquella tarde había quedado con Amparo para hacerla unas cuantas fotos. La magnífica luz que se colaba por el ventanuco del pasillo del hotel llevaba varios días robándome el sueño, pero no era capaz de imaginarme ninguna foto en ese rincón. Senté a Amparo en un pequeño silloncito del pasillo y la fui moviendo de posición hasta que de repente se apareció ante mi fugazmente la chica piconera, como rescatada de un sueño. Me dirigí a toda prisa hacia mi cámara, que me aguardaba montada en el trípode, y apreté ansioso el disparador. Miré de nuevo al sillón, pero la piconera de piernas infinitas y hombro desnudo había desaparecido. Allí sólo estaba Amparo, con una incipiente sonrisa y su larga cabellera negra precipitándose al vacío.

Y recordé el cuadro, a la hermosa morena y volvieron, como golondrinas a su nido, recuerdos de mi infancia





Fotografía: gracias a Amparo, una belleza cántabra, por posar para mi.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Arte conceptual

Sigo a vueltas con el concepto y el discurso artísticos, sobre todo cuando se habla de fotografía. Y al obcecado fielato que se le sigue procesando en las escuelas de fotografía, hasta tal punto que este extremismo se me antoja ya rancio, caduco y obsoleto. El urinario de Duchamp data de 1917, ¡ya va haciendo tiempo!

Y digo esto desde el cansancio de tener que leer, ver y oír, repetidas veces hasta la saciedad, que cuando una "supuesta obra de arte" carece de estética, es ininteligible, o absurda, o grosera y, lo peor, que en el fondo se burla del espectador, lo denominan arte conceptual. Y lo que ha sido la revolución en el arte, que la idea esté por encima del objeto que la representa, se ha convertido en el refugio de los caraduras y la muletilla de la gran masa.

El culmen de tamaño despropósito fue aquella exposición, celebrada en París hace dos años, en la que la obra consistía en una galería de arte con todas sus paredes pintadas de blanco y completamente vacía. Y para colmo, o más bien para "cachondearse de todos los espectadores" se tituló "Vacíos". Señores inventores de lo inventado, John Cage compuso una canción que era sólo silencio de 4 minutos y 33 segundos e Yves Klein expuso ya una habitación blanca y vacía, y vendió espacios vacíos de París por oro (y se hinchó a venderlos), y eran los años sesenta. Está ya todo inventado. Recuerdo haber leído en aquella ocasión de un crítico que al ver la exposición se quedó anonadado ante la "pureza" del concepto. ¡El colmo!

Pues no, no es el como. El fin de semana pasado un "artista" (jajajajaja) se encerró en una jaula con un montón de gallinas mientras él dormía la mona por los efectos de los barbitúricos, ansiolíticos y demás mandangas que le administraba su novia, también "artista" (jajajajaja). Quería "mostrar que somos todos iguales, independientemente del lugar que ocupamos en la cadena alimentaria". ¿Es un geta o un gilipollas? O quizá sea un artista conceptual, quién sabe.



Después de pensarlo mucho, yo también me he vuelto artista conceptual. Y esta es mi primera foto en este campo, titulada "Desechos de tienta". El concepto está claro, ¿o no?


jueves, 18 de agosto de 2011

¿Qué me pasa doctor?

Cariacontecido vengo. Cabizbajo, umbrío, turbado.

Siento unas 900 punzadas opresivas en mi pecho cada hora (cuestión de haber sufrido un aspirado de médula esta mañana, supongo).

Compungido estoy. Atribulado, mohíno, acongojado.

"Doctor, doctor, tengo una fatiga tan enorme que hay días que no salgo de casa, peregrinando de la cama al sofá, y del sofá a la cama. Y todo empezó cuando dejé de tomar el medicamento B, que usted me pautó para contrarrestar los efectos del medicamento A. Y todo ello acompañado de dolores musculares"." Analíticamente no tiene explicación. Está todo correcto", me espeta el doctor.¡Joer con la corrección!, pienso yo para mis adentros, pero si casi todos los parámetros están por debajo de los mínimos. "Claro, que a veces al dejar de tomar el medicamento B dan bajones", añade el doctor. ¡Joer con los bajones!.

"Doctor, doctor, que los eccemas se han extendido por todo el cuerpo y no duermo por las noches de los picores". " A ver, pantalones fuera ... ummmm ... sí, una dermatitis, pero esto no es por culpa del medicamento A. Te mandaré a un dermatólogo".

(Al llegar a casa leo los prospectos de los medicamentos A y B: para mi indignación y desánimo "resúltase" que todo lo que me pasa está incluido entre los efectos adversos frecuentes que describen. Tanto durante el tratamiento como cuando se suprime la medicación. Así mismo se describen otro efectos que, casualmente, también sufro y que no voy a enumerar por falta de tiempo y ganas).

"Doctor, doctor y ahora ¿qué?". Pregunto arañándome los brazos y mordiéndome los labios, sencillamente aterrado. "Bueno, pues en los próximos 2 años seguirás el tratamiento del medicamento A acompañado del medicamento B durante 15 días cada 3 meses. Diariamente tomarás 2 pastillas del medicamento C, y una vez por semana 12 pastillas del medicamento D que ya veremos si no se convierte en un jeringazo semanal. Y cada 2 meses una biopsia, o sea, un aspirado de médula". Frunzo el ceño y retuerzo la boca. "Pues acostúmbrate a las biopsias, que son ya de por vida. Hay que controlar tu médula pues en un 10% de los casos la leucemia rebrota y hay que atajarla precozmente".

"Por cierto", añade el doctor, "léete bien los prospectos de los medicamentos C y D porque interactúan con un montón de otros medicamentos y su toxicidad también es considerable. Ni se te ocurra automedicarte ni con un Ibuprofeno. Cualquier futuro tratamiento, me lo debes consultar. Lo dicho, ni una maldita aspirina".

Y ahora digo yo: vaya futuro de mierda que me espera ....


Enciendo la televisión y escucho a un prelado en mitra y palio regañando, más que arengando, a sus jóvenes cohortes por el "rampante relativismo espiritual". Y los indignados, indignándose. Y nuestros políticos, escaqueándose. Y la Merkel muy preocupada. Y Obama en autobús.

Y ahora digo yo: vaya futuro de mierda que nos espera .....



Fotografía: un horizonte incendiado en un océano muy negro en un rincón de Cantabria de cuyo nombre no quiero acordarme.

viernes, 12 de agosto de 2011

Mi mar, el mar

Hoy volví a ti
mi mar, el mar,
llanura de lágrimas de sal.

Hoy llegué a ti
a cumplir mi juramento,
con el cuerpo quebrado
la muerte en mi sangre,
obscena, rebullendo.

Se dio el alma de sí
de tantos dolores y penas,
y se ha perfumado el aire
de lamentos.
Mi mar, el mar.

Me asomo a ti,
océano de paz,
envuelto en sombras:
quien sabe si huyendo,
quien sabe si pertinaz,
a morirme entre tus brazos vengo.

Y ahora que yo quería hablarte
se han roto los cielos,
y las nubes que te rodean
las hogueras encendieron.

Y ahora que yo quería cantarte
mudo me quedo,
mi mar, el mar,
abismo de lágrimas de sal.

¡Qué bello mar, qué bello!
¡Qué bello mirarme en ti, qué bello!

Hoy volví a ti
de la muerte huyendo
y te encontré, mi mar,
jugando con la luz,
allá en el horizonte,
donde los días mueren.

Y ahora que yo quería decirte
que escapando vengo,
apagas la última luz
y te me vas.


Hoy lloré en ti
mi mar, el mar,
refugio de mis lágrimas de sal.
¡Qué triste vengo!
¡Qué lejos te vas!





Fotografía: otro rincón de Cantabria de cuyo nombre no quiero acordarme

lunes, 8 de agosto de 2011

El último rincón

Sucede que me canso de estar cansado, con el cuerpo dolorido y la piel carcomida de picor.

Sucede que me voy a buscar allí donde se halla el último rincón.

"El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben."


Sucede que cuando lo encuentre, o acaso lo haya encontrado, grabaré su rostro y olvidaré su nombre.

Sucede que si alguien más lo encuentra, o lo roba, o lo hiere.

"Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie."

El último rincón, de Miguel Hernández





Fotografía: un rincón de Cantabria de cuyo nombre no quiero acordarme