Todas las fotografías y textos son propiedad del autor. Todos los derechos reservados. Copyright © 2010 José Luis Esteban




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martes, 12 de abril de 2011

Las dos lágrimas: Buscando el camino de regreso

Por las noches el lobo buscaba algún rincón a cobijo donde dar una cabezada. Unas rocas, algún seto, el tronco de algún árbol, nada especial, ni más ni menos cómodo, porque sabía que no iba a dormir y lo importante era descansar unas horas antes de seguir buscando el camino de vuelta.

Se acurrucaba sobre sus patas, apoyado en el costado que no tenía lacerado, y los recuerdos, los sueños, los fracasos, los fantasmas, su vida, iban dibujándose como espectros en aquellas pupilas grises iluminadas por la luz de la luna. No podía dormir. Recordaba que su existencia no había sido normal, pero, ¿acaso existe alguna existencia de lobo que lo sea? Aún así, como las hojas sueltas de un libro desmembrado, pasajes de su pasado le asaltaban en la vigilia, sobresaltándose con alguno de aquellos recuerdos.

Y fue consciente de que esas vigilias, y aquellas otras pasadas, se componían de remordimientos y mucho dolor. Se dio cuenta de que, como lobo, estaba ya marcado. Su fin sólo podía ser uno. El final de un lobo. El recuerdo del sabor agrio de la sangre en la boca lo conmovió. Recordó con una cierta sonrisa la satisfacción que le producía acechar a sus presas hasta cansarlas, ¡qué fuerte y rápido llegó a ser! Si hubiera podido engendrar algún lobezno, cuánto le hubiera enseñado.

Era imposible dormir. La noche, antaño cobijo, hoy era la luz que le delataba. Cambiaba de posición, se rebullía en su soledad, yerma de descanso. Suspiraba. No podía dormir.

El hocico, resecado por las largas caminatas, no encontraba el camino hacia el sueño. Ni el premio menor de un anhelado duermevela, pasadas las horas, hacía atisbo de asomar de entre las sombras. No podía dormir aferrado a sus recuerdos.

De repente, dos frías e inesperadas lágrimas le resbalaron por los ojos, que intentó atrapar entre sus pestañas, como si el más dulce de los sueños se le fuera a escapar bañado en ellas. Pensó que aquellos meteoros húmedos quizá fueran mañana la nueva pista del camino de vuelta. Los guardó en sus ojos, no dejándolos huir, humedeciéndolos el resto de la noche para que no se secaran. Y así, entre algún sollozo, escondido entre sus patas, el lobo se durmió.

Y logró soñar ....



lunes, 11 de abril de 2011

La gran naúsea

Que para poder vivir, primero, te tengan que destruir, no deja de ser una paradoja más de la vida. Permitir que una gran naúsea se apodere de tu cuerpo y forme parte de ti, cuesta, y mucho.

Hoy me han vuelto a dar una de mis dosis de bolsa de color azul y líquido anaranjado. La tercera. Penúltima antes de que me digan si esta procesión de hormigas tóxicas que recorren ahora mis venas, han sido capaces de convertirse en las deseadas termitas que me destruyan. De momento las siento rebullir por mis entrañas, hambrientas y díscolas. Ojalá se den el festín prometido.

Quizá consigan convertirme en olmo seco, y ya se encargará la primavera de hacerme reverdecer. Insisto,¡qué paradoja ésta!, morir, para vivir.

En algún rato de solitud, los cuales también se agradecen, saco fuerzas de flaqueza y monto el trípode de mi cámara. No se diga que esta enfermedad maligna de la sangre, por definirla sin acritud, vaya a poder con mis ganas de seguir reflejando lo que pasa en mi mundo. Eso sí, esta vez, uno no deseado.


El lobo, de momento, entra naúsea y bostezo, sigue buscando la luna en su camino de vuelta. ¿Quién me presta un roquedo para poder desde allí aullarla?



domingo, 10 de abril de 2011

Leucemia: La procesión interior

"Tío, ¿estás malito", me dijo mi pequeño sobrino, cubierta su boca por la incómoda mascarilla que apenás le dejaba respirar. "Sí, claro, si no ¿qué hago en este hospital conectado con estos tubos a los frascos que cuelgan por todos los lados?". "Tío, es que no pareces enfermo". Y entonces me vino de inmediato a la cabeza una imagen que mi amiga Maribel había preparado para mi. Una imagen que define esta enfermedad que te descompone por dentro, aunque el exterior siga pareciendo el mismo.

Quiero que ese caballo descuartizado por dentro desaparezca del paisaje, auyentado por el lobo. Ese lobo sediento de sangre, que busca el camino de vuelta a casa, enseñando sus dientes a la luna cada noche.




Fotografía y montaje de Maribel. Gracias por todo tu apoyo y esta magnífica imagen que lo dice todo.


jueves, 7 de abril de 2011

Leucemia: La muerte blanca

En cómo, de la noche a la mañana, un lobo de pantano se convierte en un lobo blanco no tiene ciertamente explicación. Un sábado cualquiera el lobo trota por las praderas de su pantano. Al siguiente martes se levanta en medio de una fría y blanca estepa. No hay horizonte, no hay ni pasado ni futuro. Sólo le queda encontrar el camino de vuelta. Aúlla desesperado entre la niebla, sabe que sus oportunidades son 80 contra 20. Así que toma resuello y se centra en buscar su 80% siguiendo las huellas de vuelta por la nieve.




El martes 5 de abril de 2011 me diagnosticaron leucemia. Al día siguiente, ayer, empezó el primer día del resto de mi vida. Lucharé contra la muerte blanca. Y la venceré.


domingo, 3 de abril de 2011

El lobo del pantano

Ayer, cámara al hombro, volví a retomar la olvidada costumbre de ir a buscar mis náyades al pantano. Como antaño, me adentré por esos territorios sombríos, donde la soledad es la única compañera, sorteando alambradas y muros de piedra. Me aposté sobre unas rocas, con la cámara montada en el trípode, esperando se obrara el milagro. Pasó más de una hora pero sólo podía ver paisajes grises. Y mi cámara enmudecida no fue capaz de mirar.

De repente tomé perfecta conciencia de lo que mi corazón buscaba: empecé a sentir la brisa sobre mis mejillas, la humedad despertó mi olfato que comenzó a distinguir los aromas del pantano, escuché el chapoteo de las carpas lanzándose sobre sus presas, me tumbé sobre la hierba y noté su roce sobre mi piel. Entonces recordé lo que le sentaba bien a un lobo.

Me desnudé y comencé a trotar en la soledad del ocaso por la exigua pradera que las generosas lluvias del invierno habían dejado en la orilla del pantano. A ratos, me paraba a beber de sus aguas, mientras alguna carpa salpicaba mi hocico. O me detenía a oler las flores que empezaban a brotar por cualquier sitio. Se despertó en mi la necesidad de beber sangre y sentir su amargo sabor en mi boca. De cazar alguna loba, de retozar por la hierba y perseguir en el horizonte los colores del ocaso.

Que discutan los inteligentes si en realidad soy un lobo, si soy fruto de mi imaginación o de un estado patológico. Lo que ellos piensen, incluso lo que yo mismo piense, carece de valor. Nadie podrá ahuyentar el lobo de mi persona, ni borrar esa sarcástica sonrisa que me marca la cara.

Dejaré mi cámara apostada en algún lugar y correré hacia el horizonte, donde muere cada día la luz, esperando que llegue la noche con una gran sonrisa que deje ver mis dientes sedientos de sangre.




sábado, 26 de marzo de 2011

La chica que nunca bailó descalza

Hay una batalla en mi
que me aleja de ti.
Hay batallas que se ganan
pero hoy,
toca perder.
Hay días que son noches,
y hay noches sin luz.
Ahora camino solo
con una lágrima en cada mano.
En los bolsillos tus recuerdos,
en mi espalda un adiós.

Hay un agujero en mi habitación,
las sábanas están llorando por ti.
Lloran también aquel espejo,
que te vio reír,
los cristales de las ventanas
y mi viejo corazón.

Que pare esta pena tan grande,
que se lleve mi adiós,
que se olviden aquella caricias,
que se pare esta canción.

Los sueños me rodean,
el recuerdo de tu piel ahoga,
¡qué será de ti!
¡qué vacío habrá en mi!

Vendrán las iguanas a morderme
y los hombre que no sueñan gritarán tu nombre:
mujer que no supe quererte,
perdóname.




miércoles, 23 de marzo de 2011

Elizabeth Taylor ha muerto

Confieso haberme emocionado hasta tal extremo de tener que retorcer la nariz para impedir que me cayera alguna lágrima.

Siempre estuve enamorado de esa belleza salvaje de la gata sobre el tejado de zinc.

Descanse en paz ese bello animal de ojos violeta, increíblemente violetas.




Fotografía del gran maestro Richard Avedon

viernes, 18 de marzo de 2011

Gruissan y la tierra del viento

El por qué me atraen sitios inhóspitos, cuando la meteorología es cruel y depravada, jamás lo entenderé.

Los paneles de las carreteras indican rachas de más de 100 km/h, llueve torrencialmente, está anocheciendo y no conozco el lugar ni sé a dónde me dirigen esas carreteras que se retuercen entre los viñedos. Pero tengo que seguir conduciendo, tengo que llegar a ese sitio inhóspito para que el viento me mueva y la lluvia moje el filtro de mi cámara.

Necesito hacer esa foto ........




Fotografía: Gruissan, Francia

jueves, 10 de marzo de 2011

Cuestión de estilo

El estilo y la paciencia son cualidades, quizá virtudes, que se adquieren de la misma manera: se nace con ellas. Y lo que es peor, a menudo, necesitan del factor tiempo para manifestarse. Se pueden ejercitar, no lo dudo, y quizá, con perseverancia, se consiga algún progreso; más aprenderlas, se me antoja imposible.

Quien nace impaciente, muere impaciente. Quien nace sin estilo, muere sin estilo. ¡Qué crueldad manifiesta!

El estilo, en cualquier ámbito, debería ser una cualidad imperceptible a primera vista. El estilo de escribir, de pintar, de vestir, de andar, de amar, de vivir. El verdadero estilo está siempre al servicio del propósito, pero oculto. El estilo es algo que se percibe y no se ve, que cuesta a menudo definir. El estilo es el medio, no el fin. Es el atributo del mago que embauca sin que se repare en ello.

Cuando ocurre al revés, ya no es estilo, es amaneramiento o algo peor y más perfumado. Y si además se intenta copiar, es vinagre, no vino.

¿Cabe pues torpeza más grande que querer copiar un estilo y pretenderlo, encima, desde el primer instante?

Yo, pecador, no sé si tengo estilo. Pero lo que sí sé es que no tengo paciencia. Por ello todo lo que copié o premedité, lo tiré a la papelera.




Fotografía: este invierno nos regaló agua y nieve, y muchos días de niebla. No vi año, o no recuerdo haberlo visto, en el que el embalse de Santillana así rebosara. Esas ramas donde las rapaces posan pertenecen a unos enjutos y cadavéricos troncos, antaño árboles, y que en el estío, hasta su entronque con la tierra, en toda su longitud se muestran.


lunes, 7 de marzo de 2011

Acompáñame a estar solo

A veces se puede decir mucho con nada, o no decir nada contándolo todo. A veces el silencio es todo. A veces una vida no es nada.

Hoy me regalaron esta canción que a lo mejor no dice nada, o lo dice todo.


<< Acompáñame a estar solo
a purgarme los fantasmas
a meternos en la cama sin tocarnos

Acompáñame al misterio
de no hecernos compañía
a dormir sin pretender que pase nada

Acompáñame a estar solo
acompáñame al silencio
de charlar sin las palabras
a saber que estás ahí y yo a tu lado

Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto
tú en tu sitio yo en el mío
como un ángel de la guarda

Acompáñame
a decir sin las palabras
lo bendito que es tenerte y serte infiel solo con esta soledad

Acompáñame
a quererte sin decirlo
a tocarte sin rozar ni el reflejo de tu piel a contraluz
a pensar en mí para vivir por ti

Acómpáñame a estar solo
para calibrar mis miedos
para envenenar de a poco mis recuerdos
para quererme un poquito
y así quererte como quiero
para desintoxicarme del pasado


Y si se apagan las luces
Y si se enciende el infierno
Y si me siento perdido
Se que tú estarás conmigo
Con un beso de rescate

Acompáñame a estar solo >>


"Acompáñame a estar solo", Ricardo Arjona


Fotografía: La Nautique, Narbonne (Francia)